6. La Concha - Villarcayo (3 julio). Portillo de la Lunada (1.317 m)

Ficha técnica: 66 km – 4 horas de pedaleo. 1.085 m de desnivel.



Nos organizamos por nuestra cuenta el desayuno en un saloncito de la posada. Habíamos pedido una quesada casera que nos prepararon anoche en Casa Vicente de San Roque de Riomiera y con unos zumos embotellados, nos quedamos satisfechos.


Salida en bici a las 8 h, día despejado, fresco. Los paisanos están segando los primeros haces de heno, cargando a cuestas ellos mismos con una técnica muy rudimentaria hasta el borrico que llevará toda la cosecha al pajar.


Hoy el reto consiste en subir el Portillo de la Lunada (1.350 m), para salir de este valle precioso donde hemos pernoctado. Cada uno a nuestro ritmo, vamos ascendiendo lentamente entre prados, casas pasiegas y algunas vacas. En el mirador de Covalruyo, ya en las últimas rampas de la subida, una piara de cabras invade la carreterilla, tanto que que no se puede pasar sin descabalgar la bicicleta.

Coronamos el puerto a las 9:45 h, tras más de 12 km de ascenso, y 1 h y 22’ de pedaleo. Hacia abajo, las vistas son espectaculares, un mar de nubes empieza a invadir el valle. Al otro lado, un grupo de caballos montañeses pacen tranquilamente. Se vislumbra la provincia de Burgos, hacia donde nos dirigimos.










Tras unos 17 km de agradable descenso, llegamos a Espinosa de los Monteros. Café y bocata de media mañana en un bar de la plaza. Callejeo turístico, sin las bicis, por el pueblo. Una hora después retomamos la marcha. El sol nos va castigando ya.

Arribamos al Monumento Natural de Ojo Guareña, junto a Quisicedo, a la hora de comer. No hay gente. Nos hacemos unos bocatas a la sombra, en la escalinata de piedra de la ermita rupestre de San Bernabé y San Tirso. Siesta, lectura y paseo hasta el sumidero del río. En la espera hasta que abren la cueva, una pareja de turistas nos pregunta sobre el itinerario que vamos haciendo, y nos aconseja sobre las Vías Verdes de Portugal. Quién sabe, quizás nuestra próxima aventura.



A las 17 h entramos en la cueva junto a un grupo de turistas en el que pasamos totalmente desapercibidos. La visita guiada nos conduce al interior de la curiosa ermita, de techos pintados con escenas de la vida de San Tirso, mártir troceado en dos con una sierra. Eduardo propone que lo adoptemos como santo patrón de nuestra cofradía ciclista. (Los dientes de la sierra, icono del santo, simbolizan el perfil dentado de los puertos de montaña que ascendemos en nuestra sufrida vida de cicloturistas.) ¡Viva San Tirso!


Una hora después, retomamos la marcha por carreteras locales muy tranquilas, fáciles para el pedaleo. Tras una corta visita a la iglesia románica de Butrera, pueblecillo de solo diez habitantes, llegamos a Villarcayo (20 h), nuestra meta de hoy. En realidad, nuestra parada y fonda de hoy (hotel Doña Jimena, de tres estrellas y con cierto lujo ochentero) está en la pedanía de Horna, junto a la carretera, a uno o dos kilómetros de Villarcayo. Este hotel nos sorprende con su piscina y un  sótano que tiene un taller de bicicletas y una variada colección de ciclos: de montaña, de carreras, eléctricas, adaptadas para minusválidos… Las alquilan y organizan rutas guiadas, sobre todo a clientes del País Vasco. Magnífico.



Nos acercamos al núcleo de Villarcayo para cenar en un bar, nos cuesta encontrar algo abierto. El restaurante está empezando la temporada y el camarero aprendiendo a llevar la bandeja. Menos mal que en la cocina parece haber alguien con experiencia y habilidad para sacar las cosas más o menos rápido.

Para terminar, minitertulia en el vestíbulo del hotel, tiempo de lectura y a dormir. Mañana será otro día.

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