5. Reinosa - La Concha (2 julio). Alto del Caracol (815 m)

Ficha técnica: 89 km - 5 h y 36’ de pedaleo. 1.400 m de desnivel.



Amanece "que no es poco", con niebla y orballo. Comenzamos el pedaleo enfundados en nuestros chubasqueros, con una larga y vertiginosa bajada por la carretera N-611 hasta Bárcena de Pie de Concha (21 km y 620 m de desnivel de descenso), adonde llegamos empapados. Afortunadamente el tráfico ha sido escaso, el paisaje se intuía precioso, con imponentes bosques de coníferas a lo largo de todo el descenso, pero la lluvia nos ha robado el disfrute.


En Bárcena decidimos abandonar la carretera nacional y seguir por carreteras locales, siguiendo el curso del río Besaya. Ya ha cesado la lluvia y nuestra ruta atraviesa pueblecitos como Molledo (donde Miguel Delibes se inspirara para algunos pasajes de su novela El Camino), Sta. Cruz de Iguña, Arenas de Iguña, Somahoz… Del primero de estos pueblos es natural el inventor Torres Quevedo (1852-1936).





En Los Corrales de Buelna, a las 11 h, hacemos una parada logística de descanso: frutos secos y café en una bulliciosa plaza con mucho trasiego de gente. Hemos comprado viandas para el almuerzo de hoy, que será más adelante, en el pueblecito de San Martín de Villafufre, a las 14 h, en un parque infantil a la espalda del ayuntamiento. Tras la siesta, emprendemos la marcha. Ya pega fuerte el sol, esta tarde toca sudar.

En Selaya, cuna de los mejores sobaos pasiegos y quesadas, comienza la subida al Alto del Caracol (11 km y 583 m de desnivel positivo, a una media del 5,6%, con varias rampas del 10 e incluso una del 11%). Se hace duro, también por el sol que cae a plomo.

Coronamos el puerto sobre las 18h, para entrar en el Valle de Carriedo. A nuestros pies, una vista espectacular: estamos en los límites del Parque Natural de los Collados del Asón, abajo corre el río Miera, al fondo se atisba el Puerto de la Lunada, que ascenderemos mañana. Un carreteril revirado a modo de atajo, nos conduce en descenso continuo hasta el caserío de La Concha, entre verdes praderas y algunas casas pasiegas.




Las orquídeas y las cabañas restauradas con mucho gusto van jalonando el descenso.




Nos alojamos en La Concha, una localidad de San Roque de Riomiera, en la Posada La Vieja Escuela, desde donde se divisa todo el valle. La cena nos la sirven en Casa Vicente, en el pueblo de San Roque, a 3 km de la posada, valle abajo, tras un agradable paseo que algunos hacemos a pie y otros en el coche de nuestro anfitrión de la posada. El restaurante es un viejo local de comida casera y decoración singular: de las paredes cuelgan retratos de Franco y José Antonio, y en alguna botella de vino de la barra del bar asoman los bigotes y el tricornio de Tejero. La comida es aceptable y el servicio rápido.



Tras la cena, paseo nocturno hasta La Concha, y breve tertulia donde comentamos la conversación con el chico del hostal, que nos habla del personaje que fue líder local de la resistencia, el Cariñoso, del que un libro narra sus aventuras.


Exhaustos por la belleza de los paisajes de este día, nos vamos a la cama, sintiéndonos muy pequeños.

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