3. Pejanda - Reinosa (30 junio). Puerto de La Palombera (1.260 m)

Ficha técnica: 85 km - 4h y 53’ de pedaleo. 1.532 m de desnivel.



En el hotel nos dijeron que iban a hacernos unos frixuelos caseros para desayunar. Nosotros, más contentos que unas castañuelas, no sabíamos qué esperar exactamente. Una búsqueda rápida por internet provocó que tuviéramos unas expectativas algo elevadas. Luego, descubrimos que la receta del cocinero no era muy ortodoxa, sobre todo en la forma de cada pieza, que más se parecía a la de una buñuelo que a un crêpe. Sin embargo, agotamos los platos con alegría, almacenando energía para la subida que nos espera hoy: La Palombera.



A las 8:30 h, todos a sus puestos. De momento, no llueve, pero hace frío, hay que abrigarse bien. Bajada espectacular hasta Puentenansa (curvas y recurvas, cascadas, riscos que van surgiendo entre la niebla, embalse de La Cohílla…). Todo disfrute.



Vamos siguiendo el curso del río, bajamos el valle del Nansa. Luego, el terreno agreste se va transformando en montes suaves y prados. Frente al pueblo de La Lastra se divisa el caserío de Tudanca, que da nombre a la raza de vacas autóctona de estos lares. Una vaca de color negro y gris, con una cornamenta muy abierta, que no es ni la más lechera, no la que más carne produce, un animal montañés extraordinario que se utilizaba en trabajos del campo y que no deja indiferente cuando se observa de cerca. El escritor José María de Cossío la describía como «ágil, fuerte, sobria y resistente». Según nos ilustra Jesús, este Académico de la Real Academia de la Lengua vivió en La Lastra, en "La Casona" por donde pasaron algunos integrantes de la generación del 27 y antigua casa de indiano que actualmente es propiedad municipal.





Aprovechamos el paso por Puentenansa para comprar pan en una panadería muy coqueta. Luego de una breve visita a Carmona, catalogado como uno de los pueblos más bonitos de España se suben unos 5 Km y posteriormente bajamos al Valle de Cabuérniga, donde hacemos un intento de comprar algo para comer hoy, pero en estos pueblecitos no hay comercios abiertos en domingo.


Tras el paso por pequeños caseríos: Terán, Selores, Renedo, Fresneda. Nos encontramos en el Parque Natural de Saja-Besaya (creado en 1988), a nuestra izquierda fluye el Saja, y vamos ascendiendo al tran-trán bajo la sombra verde de las hayas, disfrutando de la ruta. A la salida de Fresneda nos encontramos un monumento a uno de los primeros guardas que tuvo el Parque, se llamaba Pepe, el de Fresneda y tenía una canción que entonaba con letrilla y todo.






Comienza la subida al largo puerto de La Palombera (1.260 m). Son unos 22 km para salvar unos 940 m de desnivel, a una media del 5 %. Es nuestro gran reto del día y tal vez de toda la ruta. Como cada ciclista va a subir a su ritmo, decidimos reagruparnos en torno a las 13 h en algún lugar donde podamos avituallarnos para comer.


Como vamos muy dispersos, el plan inicial de comer todos juntos, se desmorona. Unos cuantos, paramos a la altura de El Tojo, en un barecito al pie de la carretera. Dani y Jesús, que van muy por delante, han pasado de largo y no saben que ya no habrá más pueblos donde conseguir comida; se tendrán que conformar con un trozo de pan y unos cacahuetes engullidos con prisa al borde de la carretera. El cielo se va cubriendo, las previsiones son de lluvia para la tarde. La niebla se nos echa encima en los últimos kilómetros del puerto, hace frío y la subida resulta muy dura.


Tras coronar el alto, bajada vertiginosa mientras va desapareciendo la niebla. Son unos 14 km de descenso hasta Reinosa; los últimos, de pedaleo fácil por un carril bici que pasa por Fontibre, donde nace el Ebro. Alguna paradita para tomar café nos recuerda el apellido de nuestro compañero Jesús.


Él sin embargo, junto con Dani, llega casi famélico, en primer lugar al hotel Vejo de Reinosa, sobre las 15 h. Los demás, llegamos sobre las 16:30h, admirando las orquídeas del camino. Al final, no llovió, y la etapa ha sido tan dura, como disfrutona. Nos ha encantado.


Ya en la tarde, ducha, colada, siesta, lectura y paseo por el barrio antiguo de Reinosa, con abundantes casonas de miradores acristalados, comercios tradicionales y cierto bullicio propio de las grandes poblaciones. Cenamos en el restaurante italiano La Mole, donde nos tratan bien y combatimos el picante de los espagueti con una copita de Campari. Por la noche y en el hotel, octavos de final de la Eurocopa de fútbol: España 4, Georgia 1. Imparables hacia el título... Como nosotros hacia la conquista del " séptimo cielo". ¡Zzzzz!

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