7. Villarcayo - Orbaneja del Castillo (4 julio)

Ficha técnica: 60 km – 4 horas y 26’ de pedaleo. 1.071 m de desnivel.



El desayuno del hotel Doña Jimena hace las delicias del más glotón del grupo. Bufé muy decente en el que confluyen tartas y sandwiches alalimón de fruta, yogures, cereales, y todo tipo de bollería. Todos quedamos muy contentos, Dani el que más.

Comenzamos a pedalear un poco tarde, porque Dani encuentra una rueda pinchada y el personal del taller del hotel le ayuda a reponer. Además, en el hotel nos cuentan las rutas y hacen algunas recomendaciones: pistas y sendas ciclables que los guías del hotel conocen muy bien, pero que luego comprobamos, no tienen actualizado el nivel de invasión de la maleza. Observamos cómo algunos huéspedes italianos cicloturistas cargan también sus alforjas.

Nuestra primera parada, es el monasterio cisterciense de Sta. María la Real de Rioseco, del siglo XIII. Está en ruinas y en proceso de recuperación, gracias a la iniciativa del cura y la maestra del pueblo, pero la visita merece la pena, tanto por el edificio en sí como por su enclave idílico, junto al Ebro. Nos quedamos boquiabiertos de la joya arquitectónica que se esconde en este lugar, y nos damos cuenta de la vida que debían tener entonces aquel rincón.






Muy cerca, nos encaramamos también al eremitorio rupestre de San Pedro (siglos IX-X), junto al pueblo de Argés. Otra maravilla, esta vez totalmente excavada en la roca. Estos eremitorios medievales excavados en la roca abundan por estos lares.



Seguimos el recorrido por el Valle de Manzanedo, dentro del Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón. La solitaria carretera atraviesa pequeñas aldeas (San Miguel de Cornezuelo, Arreba, Población de Arreba…), que pronto abandonamos para adentrarnos unos kilómetros por una pista de tierra y grava. Cuando la pista desciende, con la velocidad, la arenilla y las piedras sueltas el equilibrio se vuelve precario sobre las bicicletas. Gus sufre un pinchazo. Esta fue una de las recomendaciones del hotel.

Volvemos al asfalto en Gallejones de Zamanzas. Cerca del puente de piedra sobre el Ebro, en Villanueva de Rampalay. Nos encontramos con un veterano ciclista de Béjar, de trato afable y habla pausada, nos da la impresión de que oculta su identidad, habla de Laudelino Cubino como si le conociera bien, quizá es alguien de nombre conocido, pero no lo conseguimos averiguar. Conversamos con él de lo maravilloso que es moverse en bici. ¡Qué bueno vivir pedaleando!


El sol aprieta cuando llegamos sudorosos a Pesquera de Ebro. Cerveza, bocata y siesta en la 
calle, cerca de la iglesia. Por la tarde, bajamos al río por una senda invadida de broza, la segunda recomendación de los guías ciclistas del hotel. Gus y Alfonso deciden aventurarse por ella hasta Orbaneja, nuestra meta de hoy. El resto preferimos hacer unos kilómetros más por carreteras solitarias y sombreadas que se adentran en el cañón del Ebro, pasando por Escalada (iglesia románica y casas blasonadas) hasta llegar a Orbaneja del Castillo a eso de las 19 h.





Orbaneja es un pueblo pequeño (treinta vecinos), pero con encanto: calles estrechas y casas de piedra arracimadas en la ladera, el arroyo que lo atraviesa desciende en cascada hasta el Ebro, creando pozas de color azul turquesa. Arriba, circundando el cañón, sugerentes torreones naturales de piedra. Una maravilla. Además hoy hay pocos turistas, el paseo nos sabe a lujo exótico.


Nos quedamos en el hotel La Puebla, en la parte alta del núcleo urbano nos esperan dos habitaciones abuhardilladas. Mientras se va poniendo el sol, cena muy agradable en la terraza, con magníficas vistas. Luego, paseo nocturno y tertulia al fresco, a las puertas del hotel. Estela, dueña de un restaurante, y un paisano ganadero nos cuentan que no encuentran gente para trabajar con ellos en el pueblo. “España es un país de vagos y mantenidos”, sentencian.



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